La “asimetría de la estupidez”, más conocida como la Ley de Brandolini, es un principio que establece un hecho frustrante: la cantidad de energía y tiempo que se necesita para desmentir una afirmación falsa o absurda es muchísimo mayor que la que se requiere para inventarla o difundirla. [1]
Este principio, acuñado por el programador Alberto Brandolini en 2013, explica por qué las fake news y los bulos se viralizan con tanta facilidad.
Sus pilares principales incluyen:
- Asimetría de esfuerzo: Fabricar una mentira no exige pruebas ni rigor; desmontarla requiere investigación, datos y pedagogía.
- Asimetría de impacto: Una afirmación impactante y falsa suele llamar más la atención que la corrección posterior, que suele ser vista como aburrida o defensiva.
- Ventaja del emisor: Quien difunde la falsedad lo hace con total soltura, mientras que el experto que intenta corregirla queda relegado al papel de aguafiestas o incomprendido.
Para profundizar más en los mecanismos cognitivos y sociales detrás de este fenómeno, también se puede consultar el artículo detallado sobre la Ley de Brandolini en Psicología y Mente.