Salir de la Universidad

¿Recuerdas cuándo terminó la universidad para ti?

Esa sensación de cerrar una última carpeta del escritorio, de borrar el último recordatorio del móvil, de mirar por última vez el edificio donde pasaste muchos años entre exámenes, prácticas, cafés y conversaciones que empezaron en el laboratorio y terminaron en la propia vida. Para muchos, ese momento fue un suspiro aliviado; para otros, un nudo en el estómago. Pero casi todas las personan lo recuerdan de una u otra manera.

Yo estoy a punto de experimentarlo (otra vez ;-).

Hace poco (relativamente), mientras miraba una presentación en una pantalla, me percaté de que era la última vez que leería “Trabajo Fin de Grado” en un documento. Al poco tiempo, los pasillos del campus empezaron a parecer más estrechos, como si quisieran retenerme un poco más. Las aulas, incluso parecían más silenciosas de lo habitual. Hasta el ruido de las impresoras en publicaciones me sonó diferente al caminar por ese pasillo en la planta baja.

No es solo el final de una etapa académica. Es el cierre de una forma de entender el tiempo: medido en semestres, convocatorias, fechas de entrega y exámenes. Durante años, mi vida ha tenido un ritmo casi predecible. Ahora, de repente, el calendario se abre como un mapa en blanco. Y eso, aunque también es emocionante, da vértigo.

Me pregunto si tú también sentiste eso. Si al cruzar la puerta de la facultad, o de la Politécnica por última vez, te volviste un instante para mirar atrás. Si notaste que algo quedaba allí: una versión de ti mismo que seguro ya no volverá (definitivamente). Porque terminar la Universidad no es solo obtener un título, cerrar un ciclo. Es dejar atrás toda una identidad. Y construir otra nueva, todavía por definir.

Quizá ahora estés en medio de ese proceso. O quizás ya lo viviste hace años, y hoy, al leer estas líneas, algo dentro de ti ha vuelto a ese día. No importa cuándo fue si fue en junio o en septiembre. Lo importante es que ese momento te trajo hasta aquí. Y a mí, también.

Porque aunque los caminos hayan sido distintos, hay algo que seguro nos une: la certeza de que cada final es, en el fondo, el primer paso de algo que aún no sabemos nombrar.

El fin de una era

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