José Antonio Marina: «La capacidad de aprendizaje se mantiene a cualquier edad y nos rejuvenece»
La teoría es inútil si no va acompañada de la acción, dice el filósofo. Es el tuétano de su teoría de la inteligencia creadora, una de sus contribuciones al pensamiento contemporáneo. Marina es también un pedagogo combativo, autor prolífico y ganador del Premio Nacional de Ensayo.

Fátima Uribarri | Fotografía: Antón Goiri
No aparenta los 86 años que tiene, debe de ser porque pone en práctica sus teorías que apuestan por la actividad y recelan de la falta de esfuerzo. Es autor de más de 50 libros en los que indaga sobre la ética, el talento, la bondad, el aprendizaje, la pedagogía, el lenguaje, el fracaso y el éxito, el miedo, la creatividad… Sus intereses parecen ilimitados. Ha sido horticultor, ha creado un detective que resuelve casos filosóficos, estudia el funcionamiento de la tecnología… Pero sobre todo es el creador de una teoría acerca de la inteligencia, que comienza en la neurología y termina en la ética, y según la cual la inteligencia debe estar orientada a la acción.
XLSemanal. ¿Por qué estudió Filosofía? ¿Influyó que su abuelo fuera filósofo?
José Antonio Marina. De niño decía que iba a ser catedrático de Filosofía y abogado como mi abuelo porque jugaba con su birrete de doctor. Pero cuando terminé el bachillerato, lo único que realmente me emocionaba y me importaba era el baile.
XL. ¿Era un niño que bailaba por casa? ¿Tenía dotes de bailarín?
J.A.M. No, mi afición vino por las películas musicales. Yo quería dedicarme al baile, pero no sabía cómo hacerlo porque no había ni escuelas de coreografía ni escuelas de danza ni había ningún ballet oficial. Era difícil hasta bailar en los guateques; en Toledo estaban prohibidos porque el cardenal no era partidario: se hacían en las casas como una actividad casi delictiva.
XL. Pero no ha estudiado danza.
J.A.M. Mientras me aclaraba, empecé a estudiar Historia del Arte. Hice los cursos comunes de Filosofía y Letras. Y descubrí la experiencia que más me ha marcado en la vida: me di cuenta de que lo que me gustaba en el baile era que los bailarines transfiguran el esfuerzo en gracia. Me pareció que eso se podía dar en el pensamiento. Empecé a estudiar Filosofía y me enganchó por la capacidad que tiene la inteligencia de hacer cosas fantásticas con poquísimos medios. Me interesaba sobre todo la creatividad de la inteligencia y me parecía que la filosofía era la encargada de desvelar esos mecanismos.

XL. ¿Lo apoyó su familia?
J.A.M. Sí, sí. Fui muy buen estudiante hasta tercer curso de carrera, hasta que me dediqué al teatro. Empecé llevando el teatro a la Facultad de Filosofía y acabé dirigiendo todos los teatros universitarios de España durante tres o cuatro años. Fue algo tóxico para mi ego porque era muy joven, tenía un buen sueldo y mangoneaba mucho –fíjate que, por ejemplo, tuve contratado a Miguel Narros– y con eso me olvidé de los estudios durante tres años.
XL. Se hizo amigo de Álvaro Pombo en la universidad.
J.A.M. Sí, coincidimos en el colegio mayor y hemos mantenido la relación. Todos los domingos como con él. Y, de hecho, lo primero que escribió Álvaro se lo publiqué yo en una revista que dirigía en aquel momento. Era un artículo sobre Rilke fantástico, o sea, que ya apuntaba maneras.
XL. ¿No le dio vértigo pensar si iba a poder vivir de la filosofía?
J.A.M. No. En el grupo que yo me movía, o éramos unos inconscientes o estábamos demasiado interesados en lo nuestro. Quien tiene una vocación muy clara se lía la manta a la cabeza. Los pensadores somos un poco todoterreno. Al final casi todos tienen que ir a la enseñanza. Pero el asunto está en si tienes una vocación clara o no. Cuando ves a personas que tienen pasión por una cosa, es muy triste decirles «deja esto y vete a buscar tu modus vivendi». Luego conoces a muchas personas que no han encontrado lo que les apasiona.
«Yo quería dedicarme al baile, pero no sabía cómo. No había escuelas; era difícil hasta bailar en los guateques. Luego me di cuenta de que lo que me gustaba era que los bailarines transforman el esfuerzo en gracia»
XL. ¿Encontrarlo forma parte de la vida bien vivida?
J.A.M. Yo creo que sí. Una persona que sabe muy bien cómo hacer una cosa pero no la hace por miedo, por pereza, por confusión no puedes decir que es inteligente. Será inteligente teórico, pero lo importante es la inteligencia práctica. Yo sé que eso es lo más inteligente y, además, tengo la valentía, la tenacidad, el arrojo de hacerlo.
XL. ¿Por eso ha preferido enseñar a adolescentes?
J.A.M. He sido catedrático de bachillerato porque me ha interesado el momento en que se está configurando la inteligencia. Es una enseñanza mucho más difícil. Ser profesor de universidad es, desde el punto de vista didáctico, muy fácil. Sueltas tu rollo, quien esté a la altura lo aprende y quien no pues que se las arregle. En cambio, en bachillerato el profesor tiene que ingeniárselas, porque no eres un transmisor de conocimientos, eres un gestor de aprendizaje. Por muy torpe que parezca un chico, tienes que hacer que aprenda. Porque está en un momento esencial para él y para la sociedad, tiene que aprender.
XL. ¿Qué deben aprender los jóvenes?
J.A.M. A enfrentarse con problemas: unos serán teóricos, otros serán emocionales o de la vida práctica. Porque es lo único seguro de su futuro: tendrán que enfrentarse a problemas.
XL. Dice que la inteligencia está unida a la bondad. Pero la bondad no se puede enseñar.
J.A.M.Sí, la bondad es un hábito y todos los hábitos se aprenden.
«Un ser blandito que aguanta, resignado, modoso, eso es una corrupción de la bondad. La bondad es muy enérgica y muy creadora porque resuelve problemas. Y es un hábito, se puede aprender»
XL. ¿Sin bondad no eres inteligente?
J.A.M. No. Conocer bien cuál es la solución a los problemas que afectan a la felicidad y a la convivencia, y la valentía, la tenacidad y el arrojo de ponerlos en práctica… eso es la bondad. Un ser blandito que aguanta, resignado, modoso, eso es una corrupción de la bondad. La bondad es muy enérgica y muy creadora porque resuelve los problemas. Si has disminuido el concepto de bondad y lo has hecho muy cercano a la estupidez, has corrompido lo que es la bondad. A la bondad la hemos devaluado, cuando es el acto que resuelve problemas que afectan a la felicidad y a la convivencia y a la dignidad de las personas.
XL. ¿Cómo ve el momento actual?
J.A.M. Estamos viendo la corrupción de todo esto. Lo importante es el poder. Resulta que el 50 por ciento de los americanos están encantados con una especie de obscenidad del poderoso. Pero bueno, ¿sois tontos o qué os pasa? ¿No os dais cuenta de que la obscenidad del poderoso está despertando emociones muy tribales dentro de vosotros? Eso sí que es una corrupción de la inteligencia.
XL. ¿Le preocupa Trump?
J.A.M. Sí. Lo más preocupante es que tenemos con él la misma postura que se tuvo con Hitler. Se piensa: «Es un tonto, no sabe nada». Y no es así, Trump es un tipo muy listo y sabe manejar muy bien los sistemas de manipulación. Es exactamente lo que se dijo de Hitler. ¿Es que no se dieron cuenta los países democráticos de que lo que hizo lo había anunciado palabra por palabra en Mein Kampf? No lo tomaron en serio.

XL. ¿Por qué tanta gente lo ha votado?
J.A.M. Hay muchos estados que lo están pasando mal y es muy fácil convencerlos de que la culpa la tienen los listos de la costa este. Trump tuvo la habilidad de que los que se consideraban tratados injustamente por el sistema creyeran que él, un multimillonario dedicado a la buena vida, era su defensor. «Los malos son los políticos, señoritos de las universidades, son los que os quieren engañar. Yo soy un inculto, soy como vosotros». Los convenció.
XL. ¿Estamos en un momento peligroso?
Este contenido es exclusivo de usuarios de ABC
Regístrate GRATIS para leer esta noticia
J.A.M. Muy peligroso. Pero no porque haya una conspiración mundial, sino porque interesa tener un ciudadano crédulo, manipulable y al que se pueda controlar.
XL. ¿Desde dónde?
J.A.M.Desde todas partes. Instituciones fantásticas como la democracia o el mercado libre producen efectos malos. Un partido político prefiere tener votantes crédulos. A las Iglesias les interesa tener fieles dóciles. Y al mercado le interesan los clientes que compren por impulso. Y ahora, para colmo, las nuevas tecnologías están creando un tipo de adicción porque están diseñadas para eso. Estamos en una sociedad muy adicta que está creando personas muy dóciles.
XL. ¿Adicta a qué?
J.A.M. A todo: a drogas, a la gimnasia, a la religión, a los juegos de ordenador, al juego a secas, a la pornografía, a las redes sociales…Todo se convierte en adicciones porque el sujeto se ha hecho muy manipulable. Quiere que le resuelvan las cosas. No tiene capacidad crítica. Que más del 30 por ciento de los jóvenes menores de 30 años en Europa digan que estarían dispuestos a un régimen autoritario si les resolviera la cuestión económica ya es muy indicativo.
«Ser profesor de Bachillerato es mucho más difícil que serlo de Universidad porque no eres un transmisor de conocimientos, eres un gestor de aprendizaje. Por muy torpe que parezca el chico, tienes que hacer que aprenda».
XL. ¿El aumento de las depresiones en los adolescentes tiene relación directa con eso?
J.A.M. Las dificultades se han intensificado y han bajado de edad. Antes no había niños con depresión, los niños eran optimistas. Estamos sometiendo a los niños, a través de las redes sociales, a unas presiones que antes no tenían.
XL. ¿Cómo nos va a afectar la inteligencia artificial?
J.A.M. Es maravillosa. Yo la sigo desde que estaba en el último curso de bachillerato, en el año 56, porque un profesor de Matemáticas nos contó que se había inventado y que iba a ser más lista que nosotros. Hasta los años noventa no parecía que fuera a servir para mucho porque solo era un solucionador general de problemas matemáticos. Luego se cambió el modelo y ahora los cálculos que hace son milmillonarios. El problema está en que tome decisiones por nosotros.
XL. ¿Puede pasar eso?
J.A.M. Está pasando. Te están diciendo lo que tienes que comprar. Hacen ofertas fantásticas durante muy poco tiempo. La gente cae y luego se da cuenta de que ha comprado una moto que no va a utilizar. Y, además, se ha endeudado por ella. Se está produciendo un aplanamiento mental que no se nota, porque al mismo tiempo te están permitiendo manejar mucha información. Te crees que sabes algo de algo y no sabes nada de nada, porque no tienes recursos propios. De eso va mi libro La vacuna contra la insensatez.
XL. ¿Cuál es esa vacuna?
J.A.M. La vacuna máxima es desarrollar el pensamiento crítico. Pero es muy difícil.
XL. Y está en peligro, dice usted.
J.A.M. Sí porque la libertad es un latazo, es muy cansada. Nosotros, de arranque, somos crédulos, impulsivos, tribales y dependientes. Ese es nuestro estado básico. Queremos ser críticos, pero supone un trabajo. Cuando te dicen: «No se preocupe, viva usted cómodamente», regresamos a la credulidad, a la tribu que nos protege y a ser dependientes de un montón de cosas.

XL. Según usted, la filosofía es la única salvación de la democracia.
J.A.M.Sin duda, pero la democracia es un régimen muy exigente porque se funda en el pensamiento crítico, en ir más allá de mi egoísmo.
XL. Ha estudiado la felicidad. ¿Dónde la encuentra usted?
J.A.M. La felicidad es una cuestión, en parte, de inteligencia –para saber aprovechar las cosas buenas que tienes– y, en parte, de suerte, para no tener demasiadas cosas malas. Y yo he tenido buena suerte. Por tres razones, he tenido salud; me han querido las personas a las que yo he querido; y me he podido dedicar a una cosa que me apasiona y que, además, me ha permitido vivir confortablemente.
XL. No piensa en la jubilación.
J.A.M.Mientras pueda, pienso seguir trabajando. Me interesa mucho el tema del talento, que es el buen uso de la inteligencia. Me interesa el talento de los ancianos: tienen una inteligencia distinta y deben aprender a usarla.
«Somos crédulos, impulsivos y tribales. La libertad y el pensamiento crítico son difíciles porque cansan mucho».
XL. ¿Cómo es esa inteligencia de los ancianos?
J.A.M. La capacidad de aprendizaje se mantiene siempre y el aprendizaje nos rejuvenece; por tanto, hay que aprender. Siempre. Todo lo que sea trabajar la memoria para las personas de edad es fantástico.
XL. ¿Qué está aprendiendo ahora usted?
J.A.M.Cómo funcionan los sistemas nuevos de inteligencia artificial. Me interesan las redes de memoria que utiliza.
XL. ¿Y la edad cómo la lleva?
J.A.M. Como tengo buena salud, bien. Una de las cosas importantes es tener proyectos. La persona que no tiene ninguno es una persona reprimida. Ya sé que tengo muchos años, que estoy viviendo una prórroga estadística, bueno, me da igual. Yo sigo haciendo proyectos con plazo mediano. Pienso que voy a vivir diez años más. ¿Los voy a vivir? No lo sé. Pero, mientras esté en buenas condiciones, sí me parece sano hacer proyectos a diez años.
XL. ¿Ve el futuro con optimismo?
J.A.M. Me preocupa mucho la situación actual, porque creo que en un plazo de no más de cinco años vamos a tomar decisiones evolutivamente muy trascendentes, sobre todo si vamos hacia una cultura científico-técnica muy desarrollada. Las humanidades están de capa caída. Y el concepto de dignidad no es un concepto científico: es una creación humanística. Si prescindimos de lo que no sea ciencia y tecnología, sería terrible. Ciencia y tecnología, llevadas al máximo, fueron las campañas de esterilización nazis, científicamente impecables. ¿Para qué voy a dejar que se reproduzcan personas enfermas que van a sobrecargar el sistema sanitario sin dar nada a la sociedad? Eso antes o después se irá manifestando, así que hay que llamar la atención sobre ello. Ese tenía que ser el efecto de la filosofía.
XL. ¿No lo es?
J.A.M. La filosofía está bajo mínimos. La que se hace en este momento es de una calidad paupérrima, entre otras cosas porque no tiene afán de buscar la verdad. Eso es el descabello de las humanidades.

¡Apenas consume luz! ¡Este mini aire viral bate todos los récords!Consumo

Genera cabello nuevo con este 1 trucoSaludable y sano

El truco de un fontanero: ¡Así se elimina cualquier atasco por sí solo!topsavingtricks.com
